En el Mensaje a la Nación de julio pasado, el Presidente de la República ofreció el inicio de un programa de pensiones, similar al del programa Juntos, orientado a las personas mayores de 75 años que vivan en extrema pobreza.
Ningún medio informativo ha dado cuenta del posible impacto que una medida de este orden podría tener en todo el sistema de pensiones en el país. Esta escasa atención es ya una práctica atávica, sobre todo del lado de las entidades encargadas del diseño de políticas públicas en materia pensionaria pues ésta, en realidad, no solo está fragmentada y tiene un sesgo de política fiscal, sino que, además, prevalece el lado operativo, orientado a mantener fundamentalmente el pago de las pensiones públicas a través de la ONP, y al manejo de los portafolios de inversión en las AFP, sin incorporar medidas integrales y de largo plazo que afronten el envejecimiento demográfico, la alta informalidad de la economía y la baja cobertura pensionaria.
Un primer aspecto a destacar es la posibilidad que con este primer paso, surja en el país una política integral de protección social que incluya al sistema de pensiones, fortaleciendo su esencia como mecanismo de distribución de ingresos intertemporal y orientándolo a evitar el riesgo de pobreza en la tercera edad.
Un segundo aspecto se encuentra también en la posibilidad que el actual sistema adopte parte de las varias propuestas de reforma estructural que "deambulan" por el MEF y por otras organizaciones no gubernamentales para devolverle rostro humano a dicho sistema, resguardando su capacidad de autofinanciamiento y de solidaridad intergeneracional.
Un tercer tema está en la transformación de los futuros pensionistas. Esto es, que no solo se cambian las instituciones, sino también el comportamiento que un vasto sector de la población debe interiorizar para afrontar el riesgo de longevidad en el Perú. La transformación de las instituciones del Estado es parte de una larga agenda de cambios que requiere de una contrapartida: la transformación de los individuos dispuestos a emprender el ahorro con fin previsional, siempre que, claro está, esa capacidad de ahorrar exista. La creación de mecanismos y de incentivos desde el Estado requiere el cambio cultural de los individuos, ardua tarea a emprender para que un sistema de pensiones contributivo (público, privado o mixto) tenga continuidad y consistencia en las futuras décadas.
Finalmente se encuentra –siempre en posibilidad- que surja el consenso por ver en la bajísima cobertura pensionaria actual y futura el principal problema del sistema, problema que ni el Sistema Nacional de Pensiones, ni el Sistema Privado de Pensiones - en relación paralela como hoy lamentablemente sucede - pueden afrontar.
Empezar por un programa social en pensiones como el anunciado, es un inicio que abre en perspectiva, sobre todo para los futuros gobiernos, la llegada de una reforma en el sistema de pensiones, haciendo viable no solo un derecho constitucional que le asiste a cada peruano, sino también la creación de valor público entendido y medido desde la perspectiva del ciudadano.
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